Ya se
van deshinchando las ampollas que salieron los últimos días mientras asimilo
las sensaciones de la vuelta. Hasta este momento no he podido ser consciente de
lo que han significado para mí estos días, pero ahora lo sé, y aunque ayer no decía
lo mismo, hoy quiero más. Mis compis de viaje se tirarán de los pelos al leerlo
(si lo leen), pero mañana seguiría a Finisterre. Y es que según disminuye el
dolor, aumentan las ganas de seguir. Era cuestión de un dia de descanso y eso
era todo.
Suena
en mi cabeza el plas… plas… plas…. rítmico como esos juegos de péndulos con
bolas de acero, todas colgando y colocadas en línea y que al soltar una desde
un lado, y chocar con las demás, lanzan la del otro lado hacia arriba. Ése es
el ritmo exacto.
Con ese
rítmico meneo en mi mente he venido a chocar con la realidad. Cuesta explicar
lo descolocado que estoy al llegar a casa, porque durante unos días que ahora
parecieron meses, nuestra casa estaba en nuestra mochila y en nuestra compañía, y era todo lo
que necesitábamos. Hace poco entendí que mi vida será más completa cuanto más rica
sea en experiencias, por eso los años cada vez pasan más rápido, porque cada
vez es más difícil tener nuevas experiencias. Sin embargo ahí tenemos opciones como
el Camino. Como muchos otros viajes, es un gran enriquecedor de nuestra
experiencia vital. Son muchas las historias de la gente a la que cambia la
vida. No me he dado cuenta de que cambiaría un poco la mía hasta que he vuelto.
Plas,
plas, plas… suenan sin parar, el ritmo se te mete en la medula espinal, se
abstrae uno del dolor, cada paso que das, plas, plas… uno menos para el final,
no lo puedes descuidar, mientras puedes disfrutar, pero intentas no parar,
plas, plas, plas, plas… hasta que no puedes mas, y te toca descansar. Hay que
combinar el disfrutar del paisaje, de la gente, de sus historias, los pueblos,
las bromas, meditar, todo eso con el esfuerzo físico y mental, plas, plas, de
andar sin parar, plas, plas, intentar dosificar, las paradas no alargar, plas,
plas, una para almorzar, plas, plas, otra pa mear, plas plas, otra pa saludar,
plas plas, y muchas pa disfrutar… y cuando te vas a acostar, los ojos cerrarás,
y a tu mente volverá el plas, plas, plas… de tus pies al caminar.
Y al
llegar, unos lloran sin control, algunos durante días, otros tiran cohetes,
nosotros nos hacemos fotos saltando a pesar de todas las sensaciones en las
piernas, y nos emocionamos y somos felices porque llegamos, y aunque suene a
estupidez humana, sin sufrimiento o el gran esfuerzo derrochado, no sería tan
gratificante, y paseamos por la ciudad mágica de Santiago de Compostela,
abrazados todo el tiempo, y saludamos a todas las caras conocidas, y
reconocemos en ellas el reflejo la compasión que hemos desarrollado en nuestra
mirada.
Ahora entendemos un poco mejor a los demás y solo con eso ya somos
mucho mejores. Al llegar a Santander, y esperar el autobús me pidió identificación
la policía secreta, conversé un poco con ellos, muy simpáticos, y se organizó después
un debate en la parada sobre si yo parecía peligroso y fue realmente divertido,
y sentí que aún llevaba la magia del Camino. Y mi renovada compasión me hizo comprender
el deber del policía, el miedo de los transeúntes, la risa de la chica de la
parada, que hasta me pagó el billete, las ganas de conversar de algunas personas y disfruté mucho de todo aquello.
Por etapas, para mí los lugares a destacar son, el camino desde Tricastela a Sarria, una zona de bosques verdes mágicos... luego el albergue de Tricastela, situado en un sitio realmente bonito y acogedor... La llegada a Porto Marín es lo más espectacular de todo el viaje, cruzando un puente sobre el Miño disfrutando de unas vistas sobrecogedoras de la grandiosidad del cauce del río.
Y por supuesto Santiago, con sus lugares emblemáticos, la catedral y obradoiro, y el ambiente que se respira es indescriptible por la felicidad que se transmite y flota en el ambiente.
Si las cuquis me pasan el diario de abordo, lo pego aquí...
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| aquí empezó la aventura |
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| uno de los sitios más chulos, de camino a Sarria |
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| seguimos luchandooo |
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| en todas partes hay olas |
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| El Miño ! |
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| llegando a Porto Marín |
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| en uno de nuestros bosques favoritos |
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| Una de las etapas más duras... hasta Porto Marín. Despues ambos nos compramos zapatillas nuevas |
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| para los espartanos, ahu ahu!!! |
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| Gemma por los parajes |
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| Así nos dejaban las subidas pero ahi estaba el salchichon para doparnos |
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| desde aquí ya se ve la catedral... |
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| Monte do Gozo ... no era tanta la subida como la pintaban |
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ahí está... unos pocos kms más y ya estamos
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| el homenaje a la llegada, con Marta y Andreu, los mejores guías locales que podíamos haber encontrado. Lastima no podernos quedar mas |
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| conseguidooooo !!! |
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